Hace un par de años me di cuenta de mi dificultad para pedir, tomé consciencia de en qué medida esperaba a que los demás se dieran cuenta de lo que necesitaba y me lo dieran sin pedirlo, por supuesto. En este tiempo he ido observando este aspecto mío y al mismo tiempo observándolo en la gente que hay a mi alrededor, y la verdad es que parece ser que sí, que para muchas personas es bastante difícil pedir, y cómo en muchos casos esta dificultad para pedir viene acompañada de unas expectativas acerca de que los demás tienen que “adivinar” lo que necesito y dármelo.

  • Queremos que nuestro jefe nos reconozca el trabajo que hacemos pero no le pedimos su opinión.
  • No queremos ir solos al médico a recoger unos resultados pero no le pedimos a una amiga que nos acompañe.
  • Nos apetece sentirnos queridos y no pedimos un abrazo.
  • Necesitamos que nos ayuden a encontrar trabajo y no se lo pedimos a ese conocido nuestro que tiene tantos contactos.
  • Necesitamos que nuestra pareja nos eche una mano con la cena y no se lo pedimos.

Al contrario esperamos a que sea nuestro jefe el que nos felicite por el trabajo que hacemos; que nuestra buena amiga (que por eso es buena amiga), nos llame y se ofrezca para acompañarnos al médico; que nuestra pareja nos dé ese abrazo porque tiene la “obligación” de saber que necesito sentirme querida en este momento; esperamos que ese conocido que sabe que buscamos trabajo nos llame y nos dé su lista de contactos, mejor aún que llame directamente él a sus contactos; y por supuesto, que nuestra pareja se levante del sofá y se ponga a ayudarnos ¡¡faltaría más!!!… y todo ello sin pedirlo.

Es como si pensáramos que el otro tiene un radar especial para detectar lo que yo quiero y/o necesito y aún peor nos enfadamos y llenamos de resentimiento porque no es capaz de hacerlo, ¿cómo es posible? pues es bien sencillo

¡No tiene el don divino de adivinar!, ni tú tampoco lo tienes.

 Si observo a los niños éstos piden de una forma muy natural desde que son bebés, un bebé detecta lo que necesita y lo demanda, de ello depende su supervivencia, todos nacemos con esta capacidad, pero es a lo largo de nuestro crecimiento cuando vamos perdiendo esta capacidad innata de saber lo que necesitamos y pedirlo.

A mi modo de ver estas son las dos claves:

– Primero saber qué es lo que realmente necesito.

– Segundo ser capaz de pedirlo.

Y si me preguntáis, no sé cuál de las dos es más difícil, ya que ambas tienen su complejidad.

De momento y como primer paso imprescindible, es tener claro que el otro jamás va a saber lo que necesito si no se lo digo, por muy raro que nos parezca, por muy obvia que me parezca mi necesidad, el otro no tiene por qué saberlo si no lo hago explícto.

Continuará…


 

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.