Hoy me gustaría reflexionar sobre una emoción que creo que todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida: el resentimiento.

El resentimiento no es una emoción básica sino una emoción sustitutiva, fruto de la incorrecta expresión y/o gestión de una emoción básica que es la ira. Ante una situación que no corresponde a nuestras expectativas y que sentimos como una ofensa o amenaza, se desencadena la emoción de la ira, si esta ira no es canalizada, puede convertirse en rabia, de la rabia pasamos al rencor hacia el ofensor y al resentimiento, el cual nos va a acompañar y condicionar en nuestras relaciones, mientras sigamos atrapados en él.

Si yo estoy resentida con alguien, por muy buenas razones que crea que tenga para estarlo, siempre que me relacione con esa persona voy a estar condicionada por esa emoción, que me va a limitar y a impedir ver a esa persona desde otra perspectiva diferente a la del daño que me causó. Incluso sin tener que verla, el resentimiento hace que esa persona esté presente en mi vida más de lo que yo deseo impidiéndome el olvidarla.

¿Cómo superar esta emoción tan destructiva?

  • Siendo más asertivos. Primero reconociendo en nosotros ese sentimiento de ofensa y expresándolo.
  • No acumulando listas de ofensas ni agravios. Gestionar los agravios cuanto antes.
  • Aprendiendo a perdonar.

Dice una bella leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en determinado punto del viaje discutieron. Uno acabó dando al otro una fuerte bofetada. El ofendido, sin decir nada, se agachó y escribió con sus dedos en la arena “hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada”. Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo y evitó que perdiese la vida. Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra, al acabar se podía leer: “hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”. Intrigado, su amigo le preguntó:

– ¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió:

– Cuando un gran amigo nos ofende debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargarán de borrarla y de apagarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos pasa algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo.


 

Si te ha gustado este artículo puedes compartirlo y así podrá ser de ayuda a más personas

También te puede interesar:

SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.