¿Cuántas veces te has puesto a contarle a alguien lo que te está pasando y acaba acaparando toda la conversación dándote su opinión y consejos cuando no se los has pedido? A mí me pasa muchas veces, y si te soy sincera, cada vez aguanto menos este tipo de situaciones.

¡Qué difícil es encontrar gente que sepa escuchar! Sí, escuchar sin más, sin dar su opinión ni consejos, que te deje hablar y que como mucho te haga alguna pregunta para que tú puedas seguir poniendo en palabras lo que te ocurre. Porque muchas veces lo que necesitas es simplemente desahogarte y descargarte, compartir con alguien lo que te ocurre y cómo te sientes sin interrupciones.

Sin embargo, sin saber cómo, acabas escuchando la retahíla del otro que con muy buena intención (no dudo de ella), empieza sin habérselo pedido, a darte su opinión sobre lo que te ocurre, a decirte lo que tienes que hacer o lo que él hizo en una situación similar, y como te descuides te hace un pseudodiagnóstico de tu personalidad.

¿Qué pasa cuando quieres que te escuchen y se empeñan en darte consejos que no has pedido?

Pues sobre todo te sientes ignorado porque la persona en la que estás depositando tu confianza, le preocupara más demostrar lo listo que es, que lo que te pasa a ti realmente, y eso es realmente decepcionante.

Además te coloca en una situación de “ignorante”, como si tú no fueras capaz de solucionar lo que te pasa o saber qué es lo mejor para ti. Pero claro, si no se te permite poner en palabras y expresarte libremente, difícilmente podrás aclarar tus ideas y ponerlas en orden.

Al mismo tiempo empiezas a enfadarte con la situación, tanto por la actitud del otro como por tu incapacidad para pararle y decirle “¡¡Eh!! Agradezco tus consejos pero ahora lo que necesito es que simplemente me escuches, lo que necesito es desahogarme, simplemente eso, desahogarme un poco, y tus consejos, dados con toda la buena intención del mundo, lo único que consiguen es que me ahogue más sintiéndome incapaz”.

Y ahí te quedas, aguantando la lluvia de consejos, los cuales evidentemente ninguno te resulta útil, entre otras cosas porque es su forma de entender la vida no la tuya. Acabas desconectando de la conversación y sientes frustración y una profunda tristeza.

CUANDO NECESITAS HABLAR Y NADIE TE ESCUCHA SIENTES QUE LA SOLEDAD TE ABRAZA

Es posible que leyendo esto, te hayas dado cuenta de las veces que has sido tú el que se ha puesto a dar consejos sin tener en cuenta, que quizás la otra persona sólo quería desahogarse y sentirse escuchada. Y es que todos pecamos en algún momento del “ego del consejero”, así que en mi próximo artículo te hablaré de cómo aprender a escuchar sin dar consejos. De momento, como aperitivo, te invito a que la próxima vez que vayas a dar un consejo, o te des cuenta de que lo estás dando, te pares y te preguntes ¿me ha pedido consejo o solo quiere que le escuche?

¿Qué puedes hacer para que te escuchen sin que te den consejos?

Di claramente lo que necesitas antes de empezar la conversación

Sí, así de sencillo, antes de empezar a contar lo que te pasa, dile a tu interlocutor que necesitas desahogarte y contar lo que te está sucediendo, que solo quieres eso, hablar y desahogarte, que no esperas ni quieres que te den consejos (al menos de momento). Estoy segura de que automáticamente te preguntará con mucho interés:“¿Qué es lo que te pasa? ¿Estás bien?” Y te sorprenderá cómo en la mayoría de las ocasiones, es capaz de estar frente a ti escuchándote sin interrumpirte hasta que sienta que te has podido desahogar. ¿Por qué? Porque todos en algún momento hemos sentido esa necesidad de desahogarnos con otra persona, y podemos empatizar fácilmente cuando alguien nos expresa esa necesidad, ¿verdad?

No tengas miedo de interrumpirle cuando empiece a darte consejos.

Es posible que tu interlocutor no pueda evitar lanzarse a darte consejos con toda su buena intención, aun cuando no se lo has pedido. En este caso, lo mejor es interrumpirle con cariño y educadamente, agradécele su interés por ayudarte (de verdad que lo hace con la mejor de sus intenciones porque realmente cree que así te puede ayudar más) pero dile que ahora lo que necesitas es simplemente desahogarte, y que luego posiblemente estés en más disposición para escuchar su opinión.

Si estas dos opciones no funcionan, no te enfades ni te frustres, la mejor opción en estos casos es

Buscar otras personas que sepan escuchar

Te aseguro que las hay y con casi toda seguridad más cerca de lo que te imaginas, es cuestión de ir probando hasta encontrarlas.

 

Para terminar este artículo, quiero compartir contigo un texto precioso y que me gusta mucho, espero que también te guste a ti.

Cuando te pido que escuches y te pones a darme consejos, no estás haciendo lo que te he pedido.

Cuando te pido que me escuches y te pones a decirme por qué no debería sentirme de ese modo, estás hiriendo mis sentimientos.

Cuando te pido que escuches y te parece que debes hacer algo para solucionar mi problema, me has fallado por extraño que te parezca.

¡Escucha! Sólo pedía que escucharas; no que hablaras o hicieras, sólo oírme…

Puedo valerme por mí mismo, no estoy indefenso.

Cuando haces algo por mí que puedo y necesito hacer yo mismo, incrementas mi temor y mi sensación de ineptitud.

Pero cuando aceptas como cierto que siento como me siento, por muy irracional que resulte, puedo dejar de intentar convencerte y pasar a la cuestión de comprender qué se esconde detrás de esa sensación irracional.

Y, cuando eso está claro, las respuestas resultan obvias  y no necesito consejos.

Ralph Roughton 

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.