Hay ocasiones en que la vida, te guste o no, te pone frente a problemas, situaciones injustas o conflictos, que te resultan incómodos, molestos, que te enfadan (hasta en ocasiones llegar a la indignación), que te inquietan y perturban. Esto es inevitable, pero la verdadera dificultad viene cuando te quedas enganchado en esas situaciones hasta el punto de que ocupan todos tus pensamientos y como se dice comúnmente llegan a amargarte el día.

Posiblemente las personas de tu entorno te digan que no le des tanta importancia y que dejes de darle vueltas al tema, que no es para tanto; pero no se trata de si un problema es importante o no lo es, ni tampoco de quitarle importancia cuando en realidad puede tenerla, todo lo contrario, se trata de aprender a relativizar las cosas que te suceden y darles la verdadera importancia y peso que les corresponde en tu vida.

Las cosas no vienen con la importancia incorporada, somos nosotros los que les damos o no importancia

Jenny Moix

 

De hecho lo que para uno es muy importante para otro es totalmente insignificante, todo va a depender de cómo cada persona interpreta lo que le está ocurriendo. Esto no quiere decir que tengas que ignorar la realidad o que no le des importancia al asunto, se trata de aprender a tomar distancia de la situación y desde ahí, poder darle la importancia que realmente tiene o lo que aún es mejor, la importancia que realmente quieres que tenga en tu vida.

“No puedes controlar todas las situaciones de tu vida pero sí puedes controlar todas tus actitudes hacia esas situaciones”

Zig Ziglar

 

Pues dicho lo dicho, voy a compartir contigo las estrategias que intento aplicar en mi día a día para tomar distancia y relativizar los problemas, y digo intento, porque esto es un aprendizaje continuo, y al igual que tú, en ocasiones se “me va la pinza” y me enredo y enredo dándole excesiva importancia a determinadas situaciones, que sinceramente no son para tanto. ¡Qué se le va a hacer! Pues seguir intentando y aprendiendo.

 

Cinco estrategias para aprender a relativizar los problemas.

 

1. Para y Respira

Sí, lo primero es pararte y respirar, ¡y respirar bien profundo! Como mínimo tres veces. ¿Para qué? Pues por varios motivos, el primero para llevar más oxigeno a tu cerebro y que pueda pensar mejor, segundo porque es una forma de poner distancia con lo que te está ocurriendo y así reducir tu enfado, malestar o angustia, tercero porque en cada vez que exhalas sueltas tensión y cuarto porque nunca está de más tomarte un tiempo para respirar.

2. Piensa qué le dirías a tu mejor amigo si tuviera este problema

Estoy segura de que si le estuviera pasando a tu mejor amigo o amiga verías muy claro qué es lo que le ocurre y cómo podría resolverlo, seguro que sabrías darle un muy buen consejo, ¿verdad? Pues dátelo a ti mismo y aplícalo. Y es que es más fácil y vemos con mucha más claridad las cosas cuando les pasan a otros que cuando estamos enredados en el asunto, ¿por qué? Pues porque no estamos “secuestrados” por nuestras emociones, por muy lícitas que estas sean.

3. ¿Realmente es tan importante el problema?

Y para responder a esta pregunta, a mí lo que mejor me funciona es plantearme las siguientes cuestiones:

  • Si estuviera enferma con 40º de fiebre ¿le daría la misma importancia que le estoy dando en este momento?
  • ¿Tendrá alguna importancia dentro de un año, incluso de un mes?

Si la respuesta es sí, entonces es que es un asunto importante y que tengo que solucionar cuanto antes.

4. Valora si dedicarle más tiempo y energía a ese problema te es rentable.

Y esto es muy importante, porque los seres humanos disponemos en nuestra vida básicamente de dos cosas: tiempo y energía, y es nuestra responsabilidad decidir en qué las vamos a invertir.

Si dedicarle tiempo darle vueltas a la situación te va a ayudar a encontrar la solución y a sentirte mejor pues ¡Adelante! Pero estarás de acuerdo conmigo en que en muchas ocasiones seguir analizando lo que ha pasado, lo que otro te ha dicho, cómo le has contestado, lo que has hecho o dejado de hacer, no te conduce a ningún sitio, y lo peor de todo, supone un desgaste de fuerzas y energías muy grande que podrías invertir en otras cosas más placenteras o productivas.

Si quedarte enganchado en ese problema te va a alejar de lo que realmente te importa, de tus objetivos, de lo que quieres para ti en estos momentos, o simplemente de lo que habías pensado hacer hoy, pues está claro que tienes que bajarlo en tu escala de cosas importantes. ¿Sabes a lo que me refiero verdad?

5. Ponle una dosis de humor.

Imagina que eso que te está ocurriendo en un “sketch” de tu humorista favorito, y aquí vale todo: Gila, Chiquito, Los Morancos, Martes y Trece, José Mota… ¿A qué cambia la cosa?

Y es que ponerle humor a las situaciones, por más duras que sean a veces, nos ayuda mucho a relativizar las cosas y a sobrellevarlas mejor, al menos a mí, reír me ayuda mucho a descargar tensión, incluso a desarrollar la creatividad para encontrar soluciones (si es que las hay).

Y es que,

“Si tienes un problema que no tiene solución ¿para qué te preocupas? Y si tiene solución ¿para qué te preocupas?”

Proverbio chino

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.