¿Quién no se ha sentido culpable alguna vez? Sí, todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido invadidos por el sentimiento de culpa. No hace falta que defina que es la culpa ¿verdad? Esa mezcla amarga de dolor, desasosiego, arrepentimiento, agobio y autorreproches, que surge cuando crees que algo que has hecho o que has dejado de hacer ha producido un daño a otra persona.

También es posible que tengas ese sentimiento de culpa por el simple hecho de pensar o desear algo, que intuyes puede hacer daño de algún modo a otra persona, como por ejemplo, cuando quieres romper tu relación de pareja pero sabes que con esa decisión hay personas que van a sufrir (tu pareja, tus hijos, tus padres…), o cuando llevas tiempo queriendo emanciparte pero pensar que tu madre se va a sentir muy sola cuando no estés te hace sentir en cierto modo culpable.

En definitiva, puedes sentirte culpable tanto de pensamiento, de palabra, de obra o por omisión ¿Recuerdas cuando repetías esto en misa y la oración seguía con un por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa? Y es que la culpa es algo muy arraigado en nuestra cultura que tiene una fuerte tradición judeo-cristiana, te guste o no.

Y es que la culpa es ese estado de pelea entre la persona que eres y la idea que tienes de cómo deberías ser y actuar. Así es, que mientras una parte de ti se siente culpable (la persona humana que realmente eres con sus errores y aciertos), otra parte de ti a la que llamaré “voz interior culpabilizadora”, te está castigando por no ser o no actuar como deberías ser o actuar.

 

¿De dónde nace esa voz interior culpabilizadora?

Todas las personas tenemos un código de normas por el cual nos regimos en nuestras vidas, son esas ideas, pensamientos, creencias, unas conscientes y otras totalmente inconscientes, que rigen el modo en que nos manejamos en nuestro día a día. Son ese marco de referencia que nos sirve de guía sobre cómo debemos comportarnos y relacionarnos con los demás.

Estas normas las has ido incorporando en tu vida a lo largo de tu crecimiento desde que eras pequeño. Pero más allá de cuál sea el contenido de ese código moral, o de quién o quiénes te inculcaron ese conjunto de normas, lo más importante para comprender el sentimiento de culpa es, que una vez tienes incorporado este código moral, se establece en tu interior un sistema para garantizar su cumplimiento.

Me explico: al igual que en nuestra sociedad contamos con la policía y la justicia para asegurar el cumplimento de las leyes, tu código moral dispone de un guardián interno para velar su cumplimiento, así es, que cuando no cumples alguna pauta de dicho código se activa una señal que te informa de dicha transgresión, esa señal es el sentimiento de culpa.

 

La culpa que descalifica y castiga.

Como he comentado antes, la voz interior culpabilizadora, tiene como finalidad indicarte que has transgredido o puedes transgredir tu código moral individual y que tienes que hacer las correcciones necesarias para restablecer el equilibrio, eso a priori no parece malo ¿verdad? Entonces, ¿por qué sientes tanta angustia, malestar y desasosiego? Pues porque tu guardián es muy estricto y no acepta de ninguna de las maneras que ese código pueda ser modificado. Esa imagen ideal de cómo tienes que ser y actuar es tan rígida que no acepta de ningún modo que puedas actuar de otra forma diferente a la establecida. Por ello,  te hace llegar este mensaje de desacuerdo de dos formas muy dañinas: la descalificación y el castigo.

“Qué egoísta soy”, “soy mala persona”, “cómo he sido capaz”, “soy un idiota”, “soy un desagradecido”… y así puedes seguir añadiendo todas las descalificaciones que te dices a ti mismo cuando te sientes culpable, (creo que he puesto las más suaves de las barbaridades que llegamos a decirnos). Y luego llega el castigo “la que te va a caer”, “te vas a quedar solo” “no te mereces que te quieran tanto” “no vas a ser feliz jamás”, etc., etc., etc.

Porque ten claro que todo culpable espera un castigo, y si no viene de fuera ya verás tú la forma de castigarte a ti mismo.

 

culpa

Photo by Christopher Windus on Unsplash

“La culpa es el mejor fundamento para construirse la propia cárcel”

Así que, con este panorama es normal que sientas angustia, desasosiego, ansiedad, vergüenza, y que tu cabeza no pare de dar vueltas y machacarte una y otra vez. Incluso es posible que físicamente empieces a tener cierta sintomatología, como dolor corporal sobre todo de cabeza y sensación de opresión en el pecho.

 

¿Cómo superar el sentimiento de culpa?

Para mí hay dos aspectos clave para superar el sentimiento de culpa: transformar la culpa en responsabilidad sobre lo ocurrido, y al mismo tiempo, flexibilizar al juez interno (el guardián del código moral), que te exige cómo debes y tienes que ser y actuar.

 

La Responsabilidad frente a la culpabilidad.

La culpa es uno de los sentimientos más paralizantes que existen, mientras estás atrapado por la culpa no eres libre para actuar, solo estás pendiente de recibir tu castigo y no puedes hacer nada al respecto más que esperar el perdón o el castigo del otro, ¿sabes a lo que me refiero verdad?

Sin embargo, cuando te haces responsable que no culpable de lo ocurrido, reconoces tu responsabilidad en el error cometido, aprendes de lo ocurrido y en consecuencia te focalizas en la resolución del mismo, decidiendo cómo actuar para reparar el daño causado, si es que esto está en tus manos y es posible, porque también es cierto, que cuando has cometido un error que ya no puedes enmendar, solo tienes dos opciones: enredarte en la culpa y quedarte atrapado en ella, o aceptarlo, disculparte y sobre todo, perdonarte a ti mismo.

“En la responsabilidad adulta se exigen responsables, en la culpa infantil castigos”

 

El juez interno y la persona que realmente eres.

Como te decía al principio, la culpa es ese estado de pelea entre la persona que eres (con sus errores y aciertos) y la idea que tienes de cómo deberías ser y actuar.

En el fondo la culpa no está provocada por lo que haces o deseas hacer (de hecho, si te das cuenta, lo que a uno le hace sentirse culpable a otro no). La culpa está provocada por la manera en que interpretas ese hecho y cómo te calificas ante él, y esto último depende en exclusividad de tu juez interno, ese juez, que con su voz culpabilizadora juzga tus acciones, pensamientos, sentimientos y deseos y los califica como buenos o malos.

“Una persona que se siente culpable se convierte en su propio verdugo” 

Séneca

Así es que, para superar el sentimiento de culpa, es necesario revisar cuál es realmente ese código moral desde el que tu juez dictamina qué es bueno o malo, ver en qué medida esas normas coinciden con la persona que realmente eres, con la parte más genuina y auténtica de ti. Verás que algunas normas y creencias ya no tienen razón de ser, otras las podrás flexibilizar para poder satisfacer tus necesidades y deseos, y otras se quedarán tal cual porque están alineadas con tus valores.

 

Aun así, no te olvides que, para superar el sentimiento de culpa, lo más importante es que seas capaz de perdonarte a ti mismo y eso, solo será posible, cuando puedas aceptar en ti el error como parte de la persona humana que eres, y te aceptes de forma incondicional por quién eres realmente, no por quién deberías de ser.

 

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Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.