¿Te has parado a prestar atención a cuántos juicios sobre ti mismo te haces al día? Y lo peor  de todo, ¿cuántos de ellos son críticas negativas hacia ti? Hace tiempo leí un estudio que decía que nos hablamos a nosotros mismos unas 50.000 veces al día, y que el 80% de esos pensamientos son mensajes negativos sobre uno mismo.

Nos pasamos el día juzgándonos negativamente por lo que hemos hecho, lo que no hemos hecho, por no haber actuado de la forma correcta, por sentirme de tal manera, por pensar así, por tener este carácter, por no ser capaz. ¡¡¡Uff!! No sé qué te parece a ti, pero a mí me resulta demoledor y agotador. No me extraña que una muy buena amiga mía diga que en su cabeza no tiene un juez sino un tribunal entero.

Con todo esto no quiero decir, que no te pares a reflexionar sobre ti mismo y la forma que tienes de manejarte en la vida para, a partir de ahí poder mejorar aquellas cosas que no funcionan bien. Pero estarás de acuerdo conmigo, en que una cosa es analizarse y otra muy distinta machacarse. Y es que, aunque tememos el juicio de los demás, no hay juez más cruel y duro con nosotros que el que llevamos dentro.

Tu propio juez exigente, que llena tu día de deberías y tienes que, que te critica por no hacer las cosas todo lo bien que según su criterio tienen que estar, y que como buen juez, somete tus actos, sentimientos y pensamientos a un duro juicio, en el que te aseguro tienes todas las garantías de ser declarado culpable, y a partir de ahí, carga con la culpa de no ser todo lo bueno y perfecto que deberías ser.

¿Cómo sería tu  vida sin ese juez interno que te reprocha constantemente?

Seguro que mucho más plena y libre ¿verdad? La mía te aseguro que sí. Lidiar con nuestro juez interno no es tarea fácil, pero tampoco imposible.

Lo primero es poner atención a tu diálogo interno. La gran mayoría de las veces no somos conscientes de la cantidad de críticas y juicios negativos que nos hacemos. Dale voz a esas críticas y escúchalas, luego pregúntate: si tu mejor amigo hablara así de si mismo, ¿qué le dirías? Me apuesto lo que quieras a que le dirías algo del tipo:

  • No seas tan duro contigo mismo.
  • Es normal cometer errores.
  • Pues no lo has hecho tan mal, a mí me ha parecido bastante bien.
  • Con la cantidad de cualidades buenas que tienes solo te fijas en lo que no te sale bien.
  • No seas tan perfeccionista.
  • No te compares con los demás, no eres ellos.
  • Deja de darle vueltas al tema, la próxima vez te saldrá mejor.

 

Pues si a tu mejor amigo le darías tan sabios consejos, ¿por qué no empezar a decírtelos también a ti mismo?

Si con alguien vas a compartir el resto de tu vida es contigo, y te mereces tratarte de la mejor manera posible, ¿no crees?

 

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.