¿Cuántas veces te has propuesto hacer algo que quieres y nunca llegas a  terminarlo? Es posible que quizás no llegues siquiera a empezarlo. ¿Sabes que la mayoría de las veces que no hacemos lo que nos hemos propuesto es porque nos estamos autosaboteando?

Para explicar lo que es el autosabotaje y cómo funciona voy a utilizar un caso real, que no es otro que el mío propio; y es que hoy me he dado cuenta que llevo un año sin escribir en mi blog, algo que me he propuesto una y otra vez desde que comencé a trabajar como coach y que a día de hoy aún no he conseguido hacer con regularidad.

Si es algo que quiero hacer ¿por qué motivo no lo hago?

Como seguro que es algo que a tí también te pasa, te propongo que aproveches para elegir una de esas cosas que te has propuesto hacer y que no haces, y vengas conmigo a analizar cómo  te saboteas a ti mismo,  de paso compartiré contigo algunas estrategias que a mí me han funcionado.

Nuestro saboteador es muy listo y tiene caras muy diferentes, es posible que se te presente con uno o con varios disfraces diferentes. A continuación te cuento algunas de sus formas de manifestarse.

¿Cómo actúa nuestro saboteador?

 

1.      Puede hacerte olvidar o no recordar aquello que te has propuesto.

Sí, así de sencillo, de repente y como por arte de magia te has olvidado por completo de lo te habías propuesto hacer. Es curioso como revisando mi listado de tareas pendientes no aparece nunca “escribir en el blog”.

¿Qué puedo hacer para “no olvidar” tan fácilmente? Una buena estrategia es apuntarnos la tarea y tenerla en un sitio bien visible donde tenga que verla con frecuencia. Yo me acabo de reservar un espacio en mi agenda todas las semanas para escribir y lo he pintado en fosforito, así mi saboteador lo tendrá un poco más difícil.

 

2.      Le  quita importancia y valor a tu objetivo.

Es esa vocecita interna que te  dice “venga va, no es tan importante” “no pasa nada”. ¿La escuchas tú también?.

¡Qué no es tan importante!, pues hombre cuestión de vida o muerte no es, pero es algo que yo quiero hacer y que sí que es importante.

En estos casos, para mantener a raya al saboteador es de mucha utilidad hacer una lista(si es por escrito mejor), de las motivaciones que tienes o más bien que  tenías cuando te planteaste comenzar a hacerlo.

Para ello te recomiendo te hagas dos preguntas:

¿Por qué quiero hacerlo? Y ¿Para qué quiero hacerlo?

Por la parte que me corresponde  acabo de hacer  una lista con todas motivaciones que en su momento me animaron para crear mi blog, incluso he añadido alguna más.

Aun así, como mi saboteador es muy hábil para hacerme olvidar mis motivaciones, mi estrategia ha sido  coger ese listado de motivaciones y ponerlo en un sitio muy visible en mi mesa, así el riesgo de hacer caso a esa voz que dice “venga no pasa nada, no es tan importante” será menor.

 

3.      Busca y elige satisfacciones inmediatas, a corto plazo.

Esta es una de las formas más comunes y que se producen con mayor frecuencia, en lugar de hacer lo que tenemos que hacer, nos ponemos a hacer otras cosas más irrelevantes pero que nos “satisfacen” sin tanto esfuerzo.

Te pongo algún ejemplo:  me acuerdo de que tengo que hacer unas compras y me voy, me llama mi amiga por teléfono y estoy una hora de cháchara, me pongo a leer el correo electrónico y me enredo más tiempo del necesario, me entra hambre y me voy a almorzar, (si es algo de chocolate mejor).

La única forma que hasta el momento conozco de evitar este tipo de autosabotaje, es empezar a hacer lo que tenías previsto, y empezar ya, sin ninguna demora. No importa cuanta hambre te entre de repente, si suena el teléfono o si te llegan 100 whatsaps, haz lo que tienes que hacer, cuanto antes empieces mejor.

 

4.      Te genera una emoción desagradable asociada a lo que debes hacer para lograr nuestra meta.

Aquí el abanico de posibilidades es muy amplio y a veces no es sencillo identificar qué  emoción es la que te está generando ese malestar asociado a lo que tienes que hacer.

Si pones un poco de atención es posible que te des cuenta que el estado emocional con el que conectas cada vez que tienes que hacer eso que tanto te cuesta hacer,  puede verse reflejado en alguno de estos grupos:

 

 

¿Cómo hacer frente a estas emociones autosaboteadoras?

  • Empieza a hacer lo que tienes que hacer  aunque no tengas ni la motivación ni la ilusión suficientes. Verás que conforme lo haces la motivación va creciendo y te vas animando cada vez más. Ese es el secreto de la automotivación, se retroalimenta  de sí misma y cada vez te sientes con más ánimo, ilusión y alegría.
  • Respira profundo y ponte a ello, piensa que se puede hacer aunque tengas dudas y estés intranquilo, conforme empieces a hacerlo el nerviosismo y la ansiedad irán desapareciendo. Pruébalo y  verás.
  • Si con lo que conectas es con la familia de emociones que tienen que ver con el enfado, estás de suerte, puedes aprovechar esa emoción en tu propio beneficio. Ten en cuenta que el enfado genera una energía muy fuerte, si consigues focalizar esa energía en lo que tienes que hacer y te pones a ello, verás con qué fuerza y rapidez lo terminas.

 

5.       Te hace sentir incapaz o con pocas probabilidades de éxito para que no lo intentes.

Es todo ese mar de dudas que surge cuando te pones manos a la obra con tu objetivo, y empiezas a sentir que no sabes lo suficiente, que te va a salir mal, que no lo vas a conseguir, y además por si esto no fuera suficiente, lo adornas con un montón de consecuencias catastróficas y resultados fatídicos. ¿Te suena?

En mi caso con el blog en varias ocasiones he dicho voy a escribir y entonces me surge la duda ¿sobre qué? ¿Y si no gusta? ¿Y si no es suficientemente bueno e interesante? ¿Y si piensan de mí que…?

Al final no son más que excusas para no empezar. Jamás podrás estar seguro al cien por cien de si serás capaz de conseguirlo  y de cuál será el resultado final hasta que no lo hayas hecho.

Así que cuanto antes empieces antes podrás saberlo, ¿y sabes lo que ocurre la mayoría de las veces? Pues que el resultado final nos dice que teníamos más capacidad para conseguirlo de lo que pensábamos.

 

6.       Te convence de que la meta es imposible y no merece la pena el esfuerzo.

Es parecido al caso anterior pero tiene otro matiz diferente, en el caso anterior sientes que el objetivo se puede conseguir pero que tú no eres lo suficientemente capaz para conseguirlo, en el caso actual de lo que se trata es de que tú  consideras que es imposible conseguir eso que te propones y por lo tanto para qué vas esforzarte.

En este caso, te puede ayudar identificar a alguien que sí lo ha conseguido, si esa persona lo ha conseguido ¿por qué no lo vas a conseguir tú? Todo es cuestión de ponerte manos a la obra, fíjate en qué y cómo lo han hecho otros, copia sus hábitos y ve probando lo que te funciona bien y lo que no.

A todo esto le súmale las motivaciones que tienes para hacerlo, los beneficios que obtendrás haciéndolo y lo asócialo a la emoción de alegría y placer que sentirás cuando lo haya conseguido.

¿Merece la pena intentarlo? Yo creo que sí.

 

7.       Te provoca un comportamiento incompatible con lo que quieres hacer.

Te cuento  algunos ejemplos que te pueden ayudar a ilustrar de lo que estamos hablando:

– Te propones perder peso, abres la nevera y en lugar de coger una pieza de fruta te comes una barrita de chocolate.

– Te propones hacer esa llamada importante que llevas días posponiendo y convocas una reunión con todo tu equipo.

– Por fin te has propuesto comenzar a escribir en tu blog y justo cuando vas a empezar te acuerdas que tienes que llamar a tu hermana y la llamas.

Seguro que conforme vas leyendo se te ocurren un montón de ejemplos más, ¿verdad?

Esto es lo que una amiga mía en toque de humor llama “momento lentejas”, que no son otros que esos momentos en los que justo cuando vas a hacer eso que tanto te cuesta hacer y que por fin te has decidido a hacer… ¡zás!  Te acuerdas de que hay que poner a cocinar las lentejas , dejas lo que ibas a hacer y te vas a poner la olla en marcha.

 

 

Lamentablemente nos saboteamos con más frecuencia de la que pensamos, y como habrás podido observar  son muchas y variadas las formas que tenemos de hacerlo,

¿Cuáles son tus formas más frecuentes de autosabotearte?

Si leyendo este artículo has conseguido identificar al menos una de las formas en que te autosaboteas ¡Enhorabuena! El cambio ya ha empezado a producirse.


 

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.