Todos en mayor o menor en medida necesitamos el reconocimiento externo, esa aceptación y aprobación de las personas que nos rodean, necesitamos sentir que no se nos va a rechazar ni a excluir, que se nos acepta y quiere. Eso no es algo negativo ni mucho menos, siempre y cuando no se caiga en el exceso y que nuestro bienestar personal no dependa de lo que otros opinen.

El problema viene cuando ese deseo de agradar se convierte en una búsqueda compulsiva de aprobación (muchas veces inconsciente), que lleva a olvidarte de ti mismo, de quién eres y de lo que realmente tú quieres. Cuando acabas dejando de saber realmente cuál es tu deseo por satisfacer el deseo del otro con el fin de obtener esa mirada de  reconocimiento y aprobación, porque en el fondo de ti, si no recibes esa mirada te invade una sensación de que no eres, que no existes, que no te quieren.

¿Cómo saber si dependo en exceso de la aprobación de los demás?

Como te decía al principio todos de alguna manera necesitamos ese reconocimiento de los demás, sin embargo hay algunas señales que pueden indicarte si necesitas en exceso esa mirada reconocimiento y aprobación, te las cuento a continuación y es posible que te suene más de una.

  Haces algo pero no sientes la seguridad de que está bien hecho hasta que otra persona te lo reconoce. Solo cuando los demás te dan su visto bueno empiezas a respirar y a confiar en que lo que has hecho o dicho está bien hecho.

Si nadie te da una devolución positiva te quedas en una sensación de duda constante, con un ronroneo en tu cabeza que te cuestiona de manera constante si lo has hecho bien o no. Puede ser una decisión que has tomado, un trabajo que has hecho, una camisa nueva que te has comprado…Da igual el tiempo y esfuerzo que hayas invertido en ese trabajo, que cuando te compraras la camisa te gustara y sintieras que te quedaba muy bien, hasta que alguien no te devuelve esa mirada de aprobación, tu no sientes que tu decisión es acertada ni válida.

Te preparas en exceso para encajar. Me explico: según el grupo con el que te vayas a relacionar, o la situación a la que te tengas que enfrentar, te preparas con antelación, incluso con mucha antelación. Tu cabeza empieza a visualizar cómo te vas a vestir, qué es lo que en ese grupo está bien visto, cómo te comportarás, qué dirás y que no dirás. Todo con la idea de encajar, que no sobresalgas ni por exceso ni por defecto, porque en el caso de que eso pueda ocurrir te sientes totalmente fuera de lugar, la inseguridad te invade y empiezas a juzgarte a ti mismo.

♦  No expresas tu opinión por temor a que sea contraria a la del otro y eso pueda generar conflicto, incluso cuando el otro está haciendo algo que a ti te puede estar suponiendo un problema, sientes una verdadera dificultad para decírselo, y si en algún momento llegas a planteárselo y sientes que se ha podido molestar por lo que le has dicho, empiezas a dudar de si has hecho lo correcto y sientes una necesidad imperiosa de intentar solucionar ese malestar del otro y volver a “estar a buenas” con él.

  Antepones los deseos y necesidades de los demás a las tuyas, haces favores que no quieres hacer, cuidas de otras personas pero no de ti mismo, siempre estás disponible para hacer por los demás cosas que para ti no eres capaz de hacer. En definitiva estas más pendiente de lo que se espera de ti, que de lo que realmente quieres y deseas.

También puedes observarlo en cosas muy cotidianas, como ir a un restaurante con más gente y dejar que los demás elijan los platos a compartir, no vaya a ser que elijas tú y te miren mal o no les guste lo que has pedido. Incluso si vais a hacer una excursión dejas que los demás elijan y decidan qué hacer, porque tú la verdad sea dicha, te adaptas a todo, aunque no sea lo que más te apetezca, ¿verdad? Quizás en el mejor de los casos es posible que llegues a dar tu opinión, respecto a lo que te apetece más o menos, pero si  al otro (siempre que sea alguien importante para ti claro está), no le apetece o prefiere otra cosa, tú aceptas fácilmente.

Si te has identificado con más de una de estas situaciones, muy posiblemente tu necesidad de recibir la aprobación de los demás sea alta, quizás ya lleves tiempo sospechando de ello, quizás te estés dando cuenta ahora, sea cual sea tu caso, no eres el único, a mí también me pasaba y en ocasiones me sigue pasando. Lamentablemente es muy frecuente, la buena noticia es que tiene remedio, eso sí no esperes que se cambie de un día para otro y que de repente no te importe ni lo más mínimo lo que los demás piensen de ti, ya te digo de antemano que eso no va a ocurrir, pero sí puedes ir reduciendo tu necesidad de aprobación externa  poco a poco y ganar seguridad y confianza en ti mismo.

Coaching Personal

¿Cómo puedo cambiar mi excesiva necesidad de ser aprobado por los demás?

Pues con paciencia, cariño y respeto a ti mismo y si te apetece  sigue estas indicaciones que te propongo, a mí me han funcionado y espero que a ti también.

Toma conciencia de cuando tus acciones van dirigidas a buscar o necesitan la aprobación de los demás.

Como siempre digo el primer paso de todo cambio es darse cuenta y poner conciencia de cómo y cuándo se produce esa forma de funcionar que queremos cambiar. Para ello es necesario poner mucha atención en nuestro día a día y observar nuestro comportamiento como si fuéramos un observador externo, como decía una compañera mía “llevar la Gopro siempre encendida”.

Píllate una y otra vez, cayendo en los comportamientos que te ponía de ejemplo más arriba y que son señales de que estás buscando o necesitando la aprobación externa. No es necesario que cambies nada (al menos de momento), simplemente observa cómo se produce, en qué circunstancias, ante quién  y sobre todo cómo te sientes en ese momento.

También, hay algunas preguntas que puedes hacerte a ti mismo a lo largo del día y que pueden ayudarte a tomar conciencia:

  • ¿Estoy actuando como realmente quiero o cómo creo que el otro espera que me comporte?
  • ¿Esto lo hago por mí o por lo que los demás puedan pensar de mí?
  • ¿Ha cambiado mi opinión por lo que me han dicho o porque realmente lo veo así?
  • ¿Realmente quiero y deseo hacer esto o es lo que quiere y desea el otro?

Busca tu propia aprobación

Como leí en una ocasión, para ser felices no debemos esperar la aprobación de los demás, más bien buscar nuestra propia aprobación. Darle el verdadero valor que tienen a tus gustos, opiniones, ideas, valores, tus habilidades.

Crea el hábito de reconocerte todos los días las cosas buenas que hay en ti (como mínimo tres cosas al día y si son diferentes a las del día anterior mejor). Este ejercicio te ayudará a ganar poco a poco confianza y seguridad en ti mismo, yo lo practico y te aseguro que funciona, eso sí, hay que ser constante en ello y no olvidarte.

“Cuando descubres que tu puedes ser el mejor fan de ti mismo, abandonas el hábito de mendigar la aprobación de los demás”

Rafael Vidac

Pon más atención a lo que dice tu instinto y confía en que tu criterio es bueno, quizás al principio no te resulte fácil, pero verás como poco a poco la experiencia te demuestra que es así.

Atrévete a ser desaprobado.

Sí, y aquí llega la mejor parte, atreverte a que lo que digas o hagas pueda no ser del total agrado a los demás. Una buena forma de perder el miedo a la desaprobación es empezar a practicar con las personas que son de tu entera confianza, esas que sabes que pase lo que pase siempre te van a querer. Atrévete a decirles lo que piensas, a decir dónde prefieres ir, a ponerte esa camisa que te encanta aunque a tu pareja no le guste mucho, a presentar ese informe que llevas semanas dándole vueltas para que quede lo mejor posible y que todavía no has entregado por si a tu jefe no le agrada del todo. Da el paso, no hace falta que sea todo de golpe, ve probando poco a poco y observa que es lo que ocurre.

Eso sí, es importante que tengas claro que las desaprobaciones  no son un rechazo a tu persona, simplemente resulta que la otra persona no piensa igual que tú, que tiene otros gustos, que le apetece otra cosa, o que hubiera hecho las cosas de otra forma a la tuya, pero eso no significa que te rechace a ti como persona (al menos en el 95% de los casos, siempre puede haber algún desalmado, claro está, pero ese tipo de personas no te interesa en absoluto ¿verdad?).

Y ten presente, pero que muy presente que

“La aprobación de los demás nunca será suficiente. Lo único abundante e inagotable es la fuente interna. Ahí está todo el amor que necesitamos”

Anónimo

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SOBRE MÍ

Soy Ana Oliver, Coach Personal y autora de este Blog. Mi objetivo es ayudarte a sentirte más satisfecho contigo mismo, y a generar los cambios que quieres en tu vida. Descubre cómo puedo ayudarte aquí.